¿Jesucristo es Dios?

Los evangelios (y el Nuevo Testamento en general) dan fe de que Jesús es Dios. Así en el evangelio de San Juan leemos:

"Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Estaba al principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho" (Juan 1, 1-2) "Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad". (Juan 1, 14) Y después: "A Dios nadie le vio jamás, Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, ese nos lo ha dado a conocer". (Juan 1, 18)

El Verbo era Dios, y el Verbo se hizo carne (se hizo hombre). "Dios Unigénito" (Jesucristo, Verbo hecho hombre, único propiamente "engendrado", no creado) nos ha dado a conocer a Dios. La expresión Dios Unigénito y Unigénito del Padre indican que Jesús no es simplemente "un hijo más del Padre" sino su único Hijo: Unigénito: único engendrado. Y, siendo Dios, engendrado de Dios Padre desde toda la eternidad.

Por otro lado, Jesús dice de sí mismo, también en los evangelios, que es Dios:

Así en Juan, 5, 18: "Por esto los judíos buscaban con más ahínco matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que decía a Dios su Padre, haciéndose igual a Dios". Y, en Mateo 26, 63-66, cuando Caifás, el Pontífice trata de hallar motivos para condenar a Jesús, leemos: "… Y el Pontífice le dijo: – Te conjuro por Dios vivo; di si eres tú el Mesías, el Hijo de Dios.- Díjole Jesús: – Tú lo has dicho. Y yo os digo que un día veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Padre y venir sobre las nubes del cielo. Entonces el Pontífice rasgó sus vestiduras, diciendo:- Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece? -Ellos respondieron:- Reo es de muerte."

Aquí queda claro que Jesús responde que sí que es Hijo de Dios, y cómo el Pontífice dice que ha blasfemado, es decir que siendo, en su opinión, sólo un hombre, se hace Dios. Y en efecto dice Jesús de Sí mismo, en otros pasajes: "Yo y el Padre somos una misma cosa." (Jn 10, 30) y "quien me ha visto a Mí ha visto al Padre" (Jn 14, 9-11).

Y en la respuesta de los judíos cuando quieren apedrearlo por decir "Yo y el Padre somos una misma cosa" dicen éstos: Por ninguna obra te apedreamos, sino por la blasfemia, porque tú siendo hombre, te haces Dios" (Jn 10, 32-33).

Por otra parte, «Jesús se aplica a sí mismo atributos y operaciones divinas: la eternidad (Jn 8, 58: "Antes que Abraham naciese era yo"; cf. Jn 17, 5 y 24), el conocimiento perfecto del Padre (Jn 7, 29; 8, 55; 10, 14 s), el poseer igual poder y actividad que el Padre (5, 17 ss), el poder de perdonar los pecados (Jn 8, 11) que puede también conferir a otras personas (Jn 20, 23), el oficio de juez del mundo (Jn 5, 22 y 27), el ser digno de adoración (Jn 5, 23). Se señala a sí mismo como la luz del mundo (Jn 8, 12), el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6)»

«La solemne confesión de fe en la divinidad de Cristo que hace el apóstol Santo Tomás, que no creía en Su resurrección hasta que se aparece en su presencia,: "Señor mío y Dios mío" (Jn 20, 28), la recibe el Señor resucitado como expresión de la fe exigida por Él: "Porque me has visto has creído; dichosos los que sin ver creyeron"»

Para no alargar la exposición no ponemos los diversos pasajes en que S. Pablo en sus escritos nos dice que Jesús es Dios, salvo éste: (Filipenses 2, 5-11): Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, quien siendo Dios en la forma, no reputó codiciable tesoro mantenerse igual a Dios, antes se anonadó, tomando la forma de siervo…por lo cual Dios le exaltó… para que al nombre de Jesús doble la rodilla cuanto hay en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre".

Por otra parte la divinidad de Jesús se prueba por el testimonio de los mártires y santos que llevaron una vida heroicamente santa confesando que Jesús es Dios y, en el caso de los mártires, murieron perdonando a quienes les martirizaban. Y también por los milagros obrados en nombre de Jesús – confesando su divinidad – como expulsar demonios en su nombre, curar enfermedades incurables en su nombre, etc.