Cómo la mujer no puede ser sacerdote

La criatura humana más santa – si no consideramos a Jesús, Dios y hombre – es una mujer, la Virgen María. Y la Virgen María no fue sacerdote: Así van errados quienes consideran un privilegio apetecible para la mujer el ser sacerdote, cuando la Santísima Virgen modelo de santidad y humildad no lo fue. Y si el Señor no creyó conveniente que Su Madre Santísima fuese sacerdote, sería temerario que otras mujeres aspiraran a ello:Se trataría no de una búsqueda de mayor santidad sino de una promoción social. Y pobre bagaje sería para ser sacerdote aspirar a ser más importante, cuando debe ser el servidor de todos, cuando a lo que todos debemos aspirar es a ser más santos, para lo que no es preciso ser sacerdote como deja claro el ejemplo de la Virgen.

Se dice, además, que si bien Jesús no hizo sacerdote a ninguna mujer, ello se debería a que en su época histórica eso hubiera chocado mucho, habría sido mal visto. Pero Jesús no se adaptó a los prejuicios que en su época tenía el pueblo judío respecto a la mujer, sino que "…Jesús ha roto con los prejuicios de su tiempo contraviniendo frecuentemente las discriminaciones practicadas para con las mujeres"

"Jesucristo no llamó a ninguna mujer a formar parte de los Doce (los doce apóstoles). Al actuar así, no lo hizo para acomodarse a las costumbres de su tiempo, ya que su actitud respecto a las mujeres contrasta singularmente con la de su ambiente y marca una ruptura voluntaria y valiente. Así, pues, con gran sorpresa de sus propios discípulos, Él conversa públicamente con la samaritana (cfr Jn 4, 27), no tiene en cuenta el estado de impureza de la hemorroísa (cfr Mt 9, 20-22), permite que una pecadora se le acerque en casa de Simón el fariseo (cfr Lc 7, 37 ss.), perdona a la mujer adúltera…

Jesús no duda en alejarse de la ley de Moisés para afirmar la igualdad en los derechos y deberes por parte del hombre y de la mujer en lo que ser refiere a los vínculos del matrimonio (cfr Mc. 10, 2-11; Mt. 19, 3-9).

Durante su ministerio itinerante, Jesús se hace acompañar no sólo por los Doce, sino también por un grupo de mujeres: "María, llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes, y Susana y otras varias, que le servían con sus bienes" (Lc. 8, 2-3).

Al contrario de la mentalidad judía, que no concedía gran valor al testimonio de las mujeres, como lo demuestra el derecho judío, son éstas las primeras en tener el privilegio de ver a Cristo resucitado y son ellas las encargadas por Jesús de llevar el primer mensaje pascual incluso a los Once (cfr. Mt. 28, 7-10; Lc. 24, 9-10; Jn. 20, 11-18) para prepararlos a ser los testigos oficiales de la resurrección"

Así pues, vemos que Jesús no tenía en cuenta los prejuicios de su época respecto a la mujer y que si eligió a hombres como apóstoles excluyendo a cualquier mujer incluso a Su Santísima Madre, lo hizo sin ningún condicionamiento de su época, porque quiso que fuera así, como por otra parte se ha mantenido a lo largo de los siglos y recoge una ininterrumpida Tradición:

Así esta elección de sólo varones para el sacerdocio realizada por Jesús debe ser normativa para la Iglesia.

Y ello da a entender que entre los elementos del sacramento del orden por el que se ordena a un sacerdote figura el que sea varón, y se comprende porque el sacerdote en su ministerio representa a Cristo y Cristo era varón.

Por otra parte, si quedan dudas al respecto, el Magisterio es claro: Así el Catecismo (Universal) de la Iglesia Católica dice (artículo 1577): "Sólo el varón ("vir") bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación" (CIC, can 1024). El Señor Jesús eligió a hombres ("viri") para formar el colegio de los doce apóstoles (cf Mc 3, 14-19; Lc 6, 12-16), y los apóstoles hicieron lo mismo cuando eligieron a sus colaboradores (cf 1Tm 3, 1-13; 2Tm 1, 6; Tt 1, 5-9) que les sucederían en su tarea (S. Clemente Romano, Cor, 42, 4; 44, 3).

El colegio de los obispos, con quienes los presbíteros están unidos en el sacerdocio, hace presente y actualiza hasta el retorno de Cristo el colegio de los Doce. La Iglesia se reconoce vinculada por esta decisión del Señor. Ésta es la razón por la que las mujeres no reciben la ordenación (cf Juan Pablo II, MD 26-27; CDF, decl. "Inter insigniores": AAS 69 (1977) 98-116)."

Notemos que según el catecismo no sólo sería ilegítima la ordenación de mujeres como sacerdotes, sino también inválida, al faltar uno de los elementos esenciales para que se celebre el sacramento del orden tal como fue instituido por Nuestro Señor Jesucristo. Es decir que si arbitrariamente un obispo "ordenara" sacerdote a una mujer, esta mujer continuaría como antes: sin tener el sello del sacerdocio ni tener ningún poder sacerdotal.